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Anticonceptivos hormonales y el reconocimiento de la propia experiencia

11 Nov Anticonceptivos hormonales y el reconocimiento de la propia experiencia

Uno de los inventos más revolucionarios en la historia de las mujeres acaba de cumplir sesenta años. En 1956 la FDA aprobó el uso de la píldora anticonceptiva en Estados Unidos, lo que significó poner en manos de las propias mujeres el control de su capacidad reproductiva y por lo tanto su sexualidad. La separación entre reproducción y sexualidad fue uno de los cambios más importantes de la revolución sexual en el mundo occidental; fue un paso hacia la autonomía sobre el propio cuerpo y el derecho al placer y a decidir.

Sin embargo la historia tiene un lado oscuro  

La investigación para el desarrollo de la píldora supuso tratar a las mujeres como animales de laboratorio, no informarles en qué consistía el experimento, sus efectos secundarios, ni mucho menos tomar en cuenta su consentimiento. Se realizaron las primeras pruebas en mujeres de Massachusetts, pacientes de John Rock, médico ginecólogo que formaba parte del grupo que desarrolló la píldora. Muchas mujeres abandonaron el estudio debido a que sufrieron los efectos secundarios del tratamiento: inflamación, trombosis potencialmente letal y cambios de humor. Al ver reducido el número de mujeres participantes en su estudio, Rock junto con el biólogo Gregory Pincus se fueron a Puerto Rico. Ahí también las mujeres abandonaban las pruebas por los efectos secundarios, por lo que decidieron hacer el estudio entre mujeres que pudieran obligar a participar: las internas del manicomio de Massachusetts y las estudiantes de Medicina de San Juan, Puerto Rico. Finalmente lograron desarrollar la pastilla anticonceptiva, en el proceso tres mujeres murieron y muchas más sufrieron los efectos secundarios sin poder abandonar el experimento.

Anticoncepción y depresión 

Hace un par de meses se dio a conocer un estudio danés que relaciona el uso de anticonceptivos hormonales con el diagnóstico de depresión clínica. El estudio siguió a más de un millón de mujeres durante seis años, antes y después de usar anticonceptivos hormonales, no sólo orales sino también parches, implantes y dispositivos intrauterinos. Encontró esta correlación de manera más fuerte entre las adolescentes, quienes presentaron un riesgo 80% mayor de ser diagnosticadas con depresión después de usar anticonceptivos.

El estudio desató inmediatamente críticas que buscaron desacreditarlo señalando que puede haber muchos otros factores que desencadenen el diagnóstico de depresión, que las mujeres tendemos a deprimirnos más que los hombres independientemente del uso de hormonas, que las adolescentes son más propensas a deprimirse, porque les rompen el corazón, que cada cuerpo reacciona diferente al uso de fármacos y no se puede establecer tal relación sin hacer más estudios.

Si bien es cierto que la correlación entre el uso de anticonceptivos y el diagnóstico de depresión no significa que el primero cause necesariamente el segundo, los resultados de este estudio son importantes y sugieren una vía para explorar, estar alertas y reconocer lo que miles de mujeres a lo largo de estos sesenta años han experimentado: cambios de humor, depresión, ansiedad, por mencionar algunos de los muchos otros efectos secundarios del uso de anticonceptivos hormonales. Para Holly Grigg-Spall sin embargo, parece que ningún estudio va a ser suficientemente bueno para que la comunidad médica tome en serio las experiencias de las mujeres.

¿Pero qué hay de las experiencias de los varones?

Hace poco se dio a conocer un estudio sobre una inyección anticonceptiva hormonal para varones. El tratamiento consistía en el suministro de una combinación de hormonas (testosterona y noretisterona, una progesterona sintética) cada ocho semanas. Se demostró que lograba suprimir la producción de espermatozoides de manera eficaz y era cien por ciento reversible unas semanas después de suspendido el tratamiento. Sin embargo, se presentaron efectos secundarios con una frecuencia relativamente alta, lo que llevó a concluir que no es un método que deba desarrollarse para su comercialización. ¿Cuáles fueron esos efectos secundarios? dolor en el lugar en el que se aplica la inyección, acné, aumento de la libido y cambios de humor.

Ante la publicación de este estudio no ha salido nadie de la comunidad médica a decir que pudo haber muchos otros factores para que los participantes en el experimento se sintieran así, que tal vez tienen problemas en su casa y por eso están sensibles o que les pudieron haber roto el corazón, que cada cuerpo es distinto y si ellos se sintieron mal no significa que todos se sentirán así. Simplemente la investigación paró y no se comercializará el anticonceptivo hormonal para varones.

Por ahora, como desde hace sesenta años los anticonceptivos hormonales seguirán siendo desarrollados y comercializados para mujeres. Seguirán siendo recetados no sólo para prevenir un embarazo, sino para tratar acné, regular ciclos, tratar quistes, etc. De los más de veinte métodos anticonceptivos que existen, dieciséis son para mujeres, la mayoría hormonales; mientras que para varones hay tres: condón, vasectomía y coito interrumpido. Esto a pesar de que las mujeres somos fértiles aproximadamente seis días de cada ciclo menstrual desde la menarquía hasta la menopausia y los hombres son fértiles todos los días desde la pubertad hasta entrada la vejez. A pesar de que las mujeres podemos embarazarnos máximo una vez por año, mientras que ellos pueden embarazar a una mujer cada día del año. 

La gestión de la fertilidad es uno de los miles de ámbitos en los que se expresa la desigualdad de género.

La ciencia, la medicina no están exentas del sexismo y la valoración diferenciada de las experiencias de hombres y mujeres. Sandra Harding, una epistemóloga feminista ha señalado que la ciencia toma al varón (blanco, heterosexual, burgués) como medida del mundo y sujeto universal de conocimiento, mientras que las mujeres somos concebidas como objeto de estudio, nunca como sujeto y agente de conocimiento.

Por otra parte, muchas feministas preocupadas por la salud de las mujeres, entre ellas Carme Valls Llobet han señalado los diferentes mecanismos que, amparados por la autoridad médica invisibilizan a las mujeres y su salud, naturalizan la desigualdad y medicalizan la vida cotidiana.

¿Qué podemos hacer frente a este escenario?

En Vulva Sapiens hemos dicho que cada mujer debe decidir qué método anticonceptivo es mejor para ella tomando en cuenta sus propias circunstancias. Reconocemos que los anticonceptivos hormonales han sido un invento revolucionario y liberador en un momento de la historia. Sin embargo, insistimos en que cualquier decisión sobre el propio cuerpo se haga desde la libertad, el conocimiento, la información y el reconocimiento de la propia experiencia.

Frente a una ciencia y medicina que invisibilizan, minimizan y no reconocen plenamente nuestras experiencias y malestares proponemos:

Primero, reconocerlas nosotras mismas. Como dice Erika Irusta, no necesitábamos de un estudio danés que viniera a autorizar nuestra propia experiencia con los anticonceptivos. No tenemos por qué soportar los efectos secundarios que nos hacen daño, ni normalizar el dolor y el malestar. Si estás sintiendo algo, reconócelo, valídalo y no lo minimices.

Segundo, compartir esa experiencia. Es increíble la cantidad de testimonios que surgen cada vez que se publica o comenta algo sobre anticonceptivos hormonales, y en general sobre cualquier tema que tenga que ver con nuestro cuerpo y salud. Hemos aprendido a callar, a aguantar el dolor en silencio, sobre todo si tiene que ver con nuestras vulvas, vaginas o úteros. Compartir la experiencia nos permite ver que no somos las únicas sintiéndonos así. Nombrar y compartir lo que sentimos puede ayudar a hacer un contrapeso a la visión que insiste en imponer una sola experiencia como norma y criterio de todo.

Tercero, construir conocimiento en colectivo. El conocimiento es poder y construirlo no tiene por qué ser una tarea de unas cuantas personas privilegiadas. Todas podemos construir el conocimiento sobre nuestros propios cuerpos desde nuestra propia experiencia. En Vulva Sapiens proponemos herramientas como la autoexploración, el registro, el contraste con las experiencias de otras mujeres, entre otras.

Creemos, con Sandra Harding que reconocer la importancia de las experiencias femeninas es un recurso fundamental en el desarrollo del conocimiento y la estructuración de la vida social en su totalidad.

 

5 Comments
  • Jacqueline
    Posted at 17:17h, 11 November Reply

    Genial escrito
    Justamente y la verdad obligadamente entre a tratamiento hormonal a pesar que le comenté a mi doctora que no quería tomarlas. Y sus palabras fueron ” tus hormonas y ovarios te están atacando tenemos que controlarlo” palabras q fueron realmente tristes para mí. Decidí probarlas pensé q me harían bien pero todo lo contrario. Desde el primer día tuve dolor de cabeza y los dos posteriores mareos muy fuertes al grado de tener q sostenerme de la pared. Le comenté a mi ginecóloga estos síntomas y me dijo que era completamente normal , y yo así de ?? Wtf !!! Como va a ser normal algo q mi cuerpo me está diciendo q está mal. La mayoría de los médicos están acostumbrados a recetar y no a escuchar a tu cuerpo. Tenemos que hacernos conscientes y escuchar a nuestro cuerpo.

  • Evelyn Alcalá Gonzalez
    Posted at 17:20h, 11 November Reply

    Este post me parece iluminador. He experimentado cambios en mi humor además de enfrentar crisis de ansiedad desde que uso el anticonceptivo Diane. El cual mi ginecólogo me recetó para el acné hormonal. He decidido dejar de tomarlo y buscar otra alternativa (natural) si se puede para combatir el acné y encontrar el mejor anticonceptivo para mi cuerpo.
    Radicó en la Ciudad de México y me distraía preguntarles si conocen alguna ginecóloga , otra especialista o clínica que pueda ayudarme con esta decisión
    Muchas gracias por compartir esta información

  • Alejandra E
    Posted at 22:07h, 11 November Reply

    Tengo ovario poli quistico recién diagnosticado, nunca he tomado anticonceptivos, tengo 35 y mi doctora me comentó que tendría que tomar hormonas, no estoy muy entusiasta con la idea. ¿Tenemos más alternativa al tratamiento hormonal?

  • Juana Olivia Monsiváis Saldaña
    Posted at 20:06h, 15 December Reply

    Hola. Hay una crema a base de ñame que ayuda mucho. Pueden buscar información de esto en internet, busquen al Dr. John Lee y su crema y resultados. Yo misma me recuperé del dolor insoportable que tuve después de que mi ginecóloga me recetó estrógenos y se me inflamaron los ganglios de las axilas y senos. Y varias mujeres se han recuperado de quistes, tumores y miomas.

  • Lucia Lucio
    Posted at 11:09h, 20 January Reply

    Por 7 años usé anticonceptivos hormonales, y comence a normalizar los efectos secundarios en mi, dolor de cabeza, ciclos “regulares”, perdida del líbido. Si bien el descubrimiento de estos métodos es parte de la liberacion femenina, pero creo que cuando no estas bien informada o solo tienes cierto tipo de informacion, en mi caso adquirida por mi formacion como enfermera; puede desconectarte como me paso a mí, de tu propio ciclo hormonal, de conocer tu sangre sin ser alterada, tu cuerpo, tus emociones. De conectar cada fase con el universo, de verte ciclica y cambiante sin que una hormona artificial influya en tí.
    Respeto a cada mujer por lo que decida hacer con su cuerpo, y me encantó lo que escriben “reconoce lo que pasa y No lo Minimices”

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